Sí, él es el Pato, un gran amigo que ya le queda mejor el vocablo de “hermano”.
Desde que lo conocí, me llamó la atención sus rasgos, semejantes en cierta forma a los de algunos literatos, pero sólo en cierto aspecto, ya que la profundidad con la que él escribe su vida es ya no sólo por medio de palabras, sino que por medio de acciones, sensaciones y emociones sorprendentes. Cada paso suyo deja una huella, que no se desvanece sino que se prolonga más allá del ocaso, ya que logra sobreponerse a los esquemas y retrospecciones de muchos. Se podría decir que es una especie de romántico en todo el sentido de la palabra, ya que es un amante del amor, de su libertad, de la naturaleza y de la soledad, pero se encuentra mucho más alto que todo aquello, ya que su fidelidad se arraiga en su propia naturaleza y no en llamativas ideas o pretensiones. Su honestidad nunca ha dejado de deslumbrarme.
Durante estos tres años que ya hemos compartido, extrañamente para mi nunca me ha des-excepcionado, y tan sólo molestado en ciertas ocasiones, pocas eso sí, y con motivos suficientes, por los cuales con posterioridad agradezco, ya que se enmarca en su confianza y transparencia ya que, realmente, es una de las personas más puras que he conocido, inclusive con su lado oscuro que no es otra cosa que la sabiduría experimental que anida en su espíritu, y que se prolonga más allá de sus palabras, apoyando siempre, comprendiendo y escuchando en todo momento, y con una profundidad que admiro.
Gracias Patito por todos los momentos que has compartido conmigo, por todo tu cariño, todo tu cuidado, por toda la sinceridad con la que te desplazas por un mundo de cinismos y, por sobre todo, por tu lealtad, alegría, y apoyo.
Te quiere mucho,
tu amiga pajarito de Dios.

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